GALICIA
EN LA PREHISTORIA
CAPÍTULO
VI
LOS
GRABADOS RUPESTRES
AL AIRE LIBRE
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En
el año 1935 apareció
publicado el "Corpus Petroglyphorum
Gallaeciae" de Ramón Sobrino
Buhigas. A partir de entonces, el
colectivo científico internacional
pudo comprobar la existencia de un
foco de arte rupestre al aire libre
del que hasta entonces, si bien no
puede decirse que fuera totalmente
desconocido, no se sospechaba ni su
riqueza temática ni sus personalísimas
características.
Los
complejos de grabados rupestres al
aire libre del Noroeste de la Península
Ibérica han sido objeto de
numerosos estudios y gozan de una
amplísima bibliografía;
no obstante y por paradójico
que pueda parecer, a causa de múltiples
factores que sería excesivamente
prolijo enumerar, esta amplia bibliografía
no ha trascendido apenas fuera de
los límites administrativos
de Galicia, y el caso es que las grandes
síntesis sobre el arte rupestre
europeo post-paleolítico apenas
recogen la existencia de este foco
de los petroglifos galaicos.
Causa
-acaso también efecto- de lo
anterior ha sido el defectuoso enfoque
metodológico que se puede percibir
en los estudios tradicionales sobre
nuestros grabados rupestres. Como
suele acontec1er con demasiada frecuencia
cuando se analizan fenómenos
de componente "artístico",
se ha abusado hasta la saciedad del
estudio de los grabados en sí
mismos, sin tener presente que un
paso previo e imprescindible para
llegar a comprender, siquiera mínimamente,
el por qué de una manifestación
"cultural" -tanto más
cuando ésta presenta claros
componentes ideológicos y simbólicos-
es su adecuada contextualización.
Por fortuna, desde fechas relativamente
recientes asistimos a una reactivación
del interés por los petroglifos
galaicos, bien sea por el cotidiano
descubrimiento de nuevos complejos
gracias sobre todo a la positiva actividad
de grupos de "aficionados",
bien por la proliferación de
estudios planteados desde enfoques
metodológicos muy diferentes.
DEFINICIÓN
DEL "GRUPO GALAICO DE ARTE RUPESTRE":
Es
sabido que en el Noroeste de la Península
Ibérica pueden distinguirse
varios "tipos" de diseños
grabados sobre rocas al aire libre.
Naturalmente, no todas las figuras
grabadas en rocas tienen que coincidir
necesariamente ni en el aspecto temático
ni en el técnico. Esto, que
dicho así parece perfectamente
lógico, no lo ha sido tanto
para muchos autores, empeñados
en adjudicar cronologías prehistóricas
a todo diseño grabado al aire
libre. Para evitar en lo posible el
confusionismo derivado de esta falta
de discriminación, se hace
imprescindible centrar el tema y definir
de la manera más aproximada
posible los grabados rupestres galaicos
de caracter incuestionablemente prehistórico.
El
que hemos convenido denominar "Grupo
Galaico de Arte Rupestre" presenta
unas características propias
tan acusadas que permiten su individualización
sin excesivos problemas. Aunque más
adelante tendremos ocasión
de detenernos en su análisis,
las adelantaremos de forma breve y
sintética.
Los
complejos rupestres galaicos se distribuyen
geográficamente y se ubican
sobre el paisaje siguiendo unos patrones
muy peculiares; por otra parte, las
rocas elegidas como soporte de los
grabados ofrecen también aspectos
muy significativos. En cuanto a la
temática representada, podemos
agruparla en dos grandes bloques íntimamente
unidos: uno, de modalidad más
o menos naturalista, y el otro, de
carácter simbólico y
abstracto.
La
temática naturalista es la
que mejor caracteriza e individualiza
los grabados galaicos con respecto
de otros focos rupestres europeos.
Los diseños más numerosos
son las figuras de cérvidos
de variada gama, estilísticamente
a caballo entre la estilización
y el esquematismo; junto a ellos,
algunos caballos de poblada cola y
seres humanos de gran simplicidad
formal. Variadas figuras más
o menos antropomorfas y representaciones
aceptablemente fieles de "ídolos-cilindro"
y armas de estatus -puñales,
espadas cortas, alabardas y escudos-
completan el repertorio figurativo
naturalista.
La
temática abstracta -tradicionalmente
conocida como geométrica- es
la más numerosa y la que presenta
una más amplia dispersión
geográfica; pero al tiempo,
es la que mayores puntos de contacto
ofrece con otros focos rupestres europeos,
como veremos más adelante.
Integrada por una amplísima
gama de combinaciones de círculos
concéntricos, espirales y,
en menor proporción, diseños
laberínticos, esvásticas,
cuadrados, etc., representa un intrincado
universo de fuerte carga simbólica
que por aparecer frecuentemente asociado
no se puede separar del repertorio
naturalista.
En
cuanto a la técnica de confección
del grabado, parece perfectamente
demostrado el uso de la percusión
indirecta con un instrumental adecuado,
con toda seguridad lítico.
El tan característico aspecto
actual de los surcos -anchos, desgastados,
poco perceptibles en suma- es sin
duda producto directo de la acción
de los agentes erosivos, por lo que
se convierte en una clara garantía
de antigüedad.
De
forma sintética, cuatro son
los soportes principales sobre los
que se sustenta el Grupo Galaico de
arte rupestre: temática, distribución
geográfica, emplazamiento y
grado de conservación.
LA
TEMÁTICA PRINCIPAL:
Más
arriba hemos adelantado alguno de
los rasgos más característicos
del Grupo Galaico de arte rupestre,
haciendo especial hincapié
en la temática que le es más
propia. Observábamos la existencia
de dos grandes bloques íntimamente
relacionados entre sí: el "naturalista"
y el "abstracto".
Los
temas más o menos naturalistas
son, como sabemos, los que dotan de
una marcada personalidad a nuestros
grabados rupestres con relación
a otras manifestaciones semejantes
de la órbita europea. En el
aspecto estilístico, nos encontramos
ante diseños a media distancia
entre la estilización más
o menos definida y el puro esquematismo.
Los temas más frecuentemente
representados son los zoomorfos -cérvidos
y équidos en su mayor parte-
los antropomorfos y las figuras de
objetos muy concretos como ciertos
modelos de armas e "ídolos-cilindro".
Los
cérvidos son las figuras zoomorfas
de aparición más frecuente.
Con una dispersión geográfica
muy definida que apenas sobrepasa
el ámbito de las Rías
Baixas, en ocasiones aparecen aislados,
aunque lo más normal es que
compartan la roca con los diseños
del bloque geométrico o abstracto.
En el plano estilístico pueden
distinguirse dos grandes variantes
dentro de las figuras más clásicas.
Una de caráter estático,
en la que la figura está dibujada
con dos líneas básicas:
la inferior contornea el interior
de las patas y el vientre, mientras
la superior dibuja el exterior de
las patas, cuello, cabeza y lomo.
La otra variante es de estilo dinámico;
en ella los animales se representan
claramente al galope: los cuartos
traseros muestran un plano elevado
en relación con los delanteros,
y la parte inferior de cada par de
patas se encuentra unido por la misma
línea y apunta al espacio situado
bajo el animal. Casi todos los ciervos
muestran pequeñas colas; algunos
presentan poblada cornamenta, y en
bastantes ocasiones se destacan con
claridad los genitales. Menos veces
se han dibujado los ojos o la boca
del animal.
Junto
a los dos estilos básicos que
acabamos de describir podemos encontrar
variantes locales que, sin apartarse
de los parámetros generales,
muestran diversas peculiaridades que
nos ponen en presencia de corrientes
estilísticas -casi podríamos
decir maestros- locales. Las más
claras se perciben en las comarcas
de Arousa -animales sensiblemente
estáticos, de desproporcionado
cuello y pares de patas dibujados
con tres trazos paralelos-, Oia -donde
predominan los cérvidos de
pequeño tamaño muy esquemáticos-
y Tourón -indicación
del movimiento por medio de la disposición
de las patas en arco-.
Un
análisis detallado de los paneles
con figuras de cérvidos ofrece
detalles dignos de consideración.
En numerosas ocasiones, el artista
parece haber pretendido plasmar la
realidad natural con mayor o menor
fortuna. Claros indicios del uso de
la perspectiva pueden rastrearse en
los diferentes tamaños de algunos
animales y en su disposición
sobre la superficie grabada. Manadas
de ejemplares de diferente sexo y
edad, representadas en actitud tranquila
o en plena estampida, muestran una
aguda y precisa observación
de la realidad. No faltan las escenas
del ciclo reproductivo de los ciervos:
grandes machos en celo bramando, cópulas,
etc.. Finalmente, escenas explícitas
de caza- que veremos al hablar de
la figura humana- o animales claramente
heridos por armas arrojadizas o con
trazos sobre su vientre y cuello que
podrían interpretarse como
heridas. En resumidas cuentas, todo
un universo simbólico en el
que el ciervo ocupa un lugar destacadísimo.
Dentro
del apartado de figuras zoomorfas,
en ocasiones surgen determinadas representaciones
que aunque mantienen las mismas características
estilísticas que los cérvidos,
carecen por completo de rasgos taxonómicos
distintivos. Lo más probable
es que se trate de ciervos jóvenes
o hembras, pero cabe también
la posibilidad de que los autores
intentasen plasmar otra especie de
cuadrúpedo. De igual forma,
siempre se han querido incluir dentro
de la temática zoomorfa del
grupo galaico ciertas supuestas figuras
de serpientes; en realidad, sólo
conocemos dos casos concretos en los
que caben pocas dudas al respecto:
la grabada en el gran complejo de
A Boullosa en Campo Lameiro, y la
de la roca 2 de Auga dos Cebros en
Oia; las restantes, o bien son meras
líneas ondulantes, o son dibujos
que no tienen relación alguna
con los petroglifos del grupo galaico.
Por último, es obligado hacer
referencia a ciertas curiosas representaciones
de huellas de pezuñas que alcanzan
un realismo fuera de lo común
en el panel horizontal de la Pedra
das Ferraduras en Cotobade.
No
muy numerosas, pero sí enormemente
sugerentes por su carácter
narrativo, son las figuras humanas
y los diseños antropomorfos.
Aquéllas se caracterizan por
un diseño muy simple, casi
esquemático, y un escaso tamaño;
éstas, por el contrario, presentan
una gran variabilidad formal y mayores
dimensiones.
Las
representaciones humanas conocidas
aparecen en dos actitudes diferentes:
cazando pie a tierra o cabalgando.
Cuando van a pie, estilísticamente
se reducen a un diseño en el
que un punto señala la cabeza;
bajo ella, una sencilla cruz dibuja
el torso y los brazos, completándose
la figura con la adición de
dos trazos en ángulo a modo
de piernas. Muy ocasionalmente, con
una sencilla línea se plasman
los genitales masculinos, y en la
mayoría de los casos enarbolan
en cada brazo un arma arrojadiza con
la que acosan a los ciervos. El ejemplo
más explícito de escena
de caza es el plasmado sobre el panel
frontal de la Pedra das Ferraduras
en Cotobade, donde se puede observar
una magnífica escena de caza
de ciervos por acoso dirigida por
una pequeña figura humana que
enarbola un escudo circular y una
enorme espada. Otro aspecto a resaltar,
y que muestra una vez más la
aguda percepción de la realidad
por parte de los autores de los grabados,
es la distorsión que la irrupción
de figuras humanas en actitud de caza
causa en los paneles donde aparecen
manadas de ciervos: éstos casi
siempre aparecen ordenados en una
misma dirección, en el sentido
de la marcha, orden que sólo
se ve alterado en el lugar donde hace
acto de presencia el ser humano, que
lo desorganiza creando el caos en
la manada.
En
las escenas de equitación,
las figuras humanas muestran un estilo
algo diferente. Como era de esperar,
casi nunca se representan las piernas
del jinete, y si se hace, es colocándolas
paralelas en el plano frontal; ahora,
una línea ininterrumpida contornea
el torso y la cabeza, con lo que la
figura gana el volúmen del
que carecían las anteriores.
Con uno de los brazos exhiben un arma
arrojadiza, mientras que con el restante
sujetan unas bridas o agarran directamente
la cabeza del caballo.
Los
animales cabalgados son en su mayor
parte caballos al galope, de estilo
idéntico al de los cérvidos
pero de los que difieren con claridad
por disponer de una larga y espesa
cola. Dos o tres montas de ciervos
han de interpretarse tal vez bajo
la óptica simbólica
y/o cinegética.
Por
su parte, los diseños que hemos
denominado antropomorfos ofrecen una
enorme variabilidad estilística.
Generalmente de tamaño superior
al normal, son figuras extrañas
de acentuado antropomorfismo pero
en las que más que características
estrictamente humanas es posible que
debamos ver alguna suerte de representación
sacralizada relacionada con ciertas
divinidades. El controvertido "guerrero"
de Río Loureiro en Cangas de
Morrazo, el "orante" de
Siribela en Pontecaldelas, las extrañas
figuras de Rotea de Mendo en Campo
lameiro, etc., etc., parecen más
propias del mundo de lo religioso
que de lo estrictamente secular.
Algo
semejante sucede con otra serie de
figuras de aparición, por el
momento, muy limitada: nos referimos
a imágenes de un determinado
tipo de objeto que la literatura arqueológica
conoce con el nombre de "ídolo-cilindro"
y que se cree relacionado directamente
con alguna divinidad vinculada al
mundo funerario por su reiterada aparición
en las sepulturas megalíticas
del Sur peninsular, aunque tampoco
podemos dejar de considerar una posible
condición emblemática.
A su probable valor como exponente
de la religiosidad del momento hemos
de añadir el no menos despreciable
de su bien precisada cronología,
que coincide plenamente con la que
se deduce de las figuras de armas
que veremos a continuación.
Las
cada vez más numerosas rocas
con diseños de modelos muy
concretos de armas abren enormes perspectivas
en el estudio de los grabados galaicos
por sus aportaciones cronológicas
muy precisas y por la enorme carga
ideológica que parecen esconder.
La identificación tipológica
de las armas no está en ocasiones
libre de dificultades por la mayor
o menor fidelidad de la representación
con respecto a los modelos reales
y por el estado de conservación
de los grabados. No obstante lo anterior,
se distinguen con claridad ciertos
modelos de puñales y espadas
cortas, alabardas y escudos.
Numéricamente,
son los puñales y espadas cortas
los temas más representados.
Su análisis tipológico
no deja lugar a dudas: en los casos
debidamente contrastados se trata
de imágenes de modelos de cobre
más o menos evolucionados,
con hoja triangular, con o sin cresta
central, con o sin estrías
paralelas al filo, pero siempre en
relación directa con las ya
conocidas producciones locales típicas
de la transición III-II Milenios.
Algunas espadas del famoso complejo
de Conxo en Compostela parecen claramente
emparentadas con modelos británicos
del mundo de Wessex datables también
en la transición III-II Milenios.
Mayores
precisiones cronológicas ofrecen
las alabardas, por cuanto al margen
del modelo preciso copiado, su datación
se situaría a inicios del II
Milenio. Dibujadas con mayor o menor
fortuna, en algunas la hoja muestra
la característica cresta central
y los orificios para los tres remaches
de sujección al mango, por
lo que su identificación con
los modelos propios de la órbita
atlántica no ofrece dudas;
dentro de este mundo atlántico,
los paralelos más claros parece
que hay que buscarlos en el tipo "Carrapatas"
del Norte de Portugal, de claras afinidades
irlandesas.
Para
finalizar el tema de las figuras de
armas, mencionaremos ciertas representaciones
más o menos claras de escudos.
Parece fuera de toda duda que el diseño
circular que exhibe en su brazo izquierdo
la figura principal de la Pedra das
Ferraduras es un escudo; mayores dificultades
interpretativas ofrecen ciertos diseños
de reiterada aparición en grandes
rocas-panoplia como las de Castriño
de Conxo en Compostela, Mogüelos
en Cangas de Morrazo, Auga da Laxe
en Gondomar y Pedra Ancha en Dumbría.
Su forma es aproximadamente la de
un triángulo isósceles
con su ángulo menor dirigido
hacia abajo y sendas "asas"
sobresaliendo de cada uno de sus lados
mayores, lo que les confiere un aspecto
vagamente facial que provocó
que algunos autores las interpretasen
como representaciones antropomorfas
sacralizadas. Sin embargo, tanto por
su forma como por su asociación
a los otros dos tipos de armas creemos
que hay que tomarlas como muestra
de la existencia de un modelo de escudo
que, sin duda por su entera confección
con elementos orgánicos perecederos,
no ha sido documentado hasta ahora
en el registro arqueológico.
Lo mismo cabe decir de otra serie
de figuras de parecida forma aunque
mucho más sencillas, localizadas
en varios petroglifos de Campo Lameiro.
Plasmadas
con casi total ausencia de realismo,
se distinguen en nuestros grabados
diversos modelos de armas arrojadizas
y muy probablemente arcos y flechas.
Las lanzas que se ven clavadas sobre
el lomo del gran ciervo de Os Carballos
en Campo Lameiro parecen disponer
de hoja relativamente ancha aunque
son muy dificilmente clasificables
desde el punto de vista crono-tipológico.
Algo muy semejante sucede en el petroglifo
de Outeiro Gordo en Rianxo. Es altamente
significativo constatar la total ausencia
de representaciones de hachas en la
panoplia de nuestros grabados rupestres,
dato sobre el que volveremos más
adelante.
Por
último, en el muy dudoso conjunto
de Rio Loureiro en Cangas de Morrazo,
cuya pertenencia al Grupo Galaico
habrá de ser analizada con
sumo cuidado, destaca un diseño
antropomorfo con ciertos rasgos, por
desgracia poco claros, que han sido
interpretados como espada, escudo
y casco de cuernos. Insistimos en
las dificultades que el estado actual
de la roca presenta para la identificación
de los temas representados, que de
confirmarse supondrían la presencia
única de un elemento nuevo
en el armamento de alto estatus -el
casco de cuernos- y de un tema iconográfico
también novedoso y de probable
origen oriental.
El
otro gran bloque temático del
Grupo Galaico es el que hemos denominado
"abstracto". Integrado por
una apreciable cantidad de figuras
geométricas es, sin lugar a
dudas, el repertorio más numeroso
y el de mayor dispersión geográfica.
Puntos o cazoletas, variadísimas
combinaciones de círculos concéntricos,
espirales y diseños laberínticos
forman la base iconográfica
esencial de nuestro arte rupestre,
bien de forma aislada, bien en conjunción
directa con el repertorio naturalista.
Los
puntos o cazoletas forman parte de
la inmensa mayoría de los complejos
rupestres galaicos. Tanto como tema
único formando agrupaciones
más o menos numerosas, como
compartiendo la roca con otros diseños,
muy pocos son los petroglifos en que
este tema tan simple está ausente.
Es precisamente por esa sencillez
y por haberse constatado agrupaciones
de cazoletas de factura relativamente
reciente en contextos diferentes a
los propios de nuestros grabados,
por lo que nos vemos obligados a mantener
una cierta prudencia en cuanto a la
adscripción crono-cultural
de las cazoletas cuando éstas
no aparecen en relación directa
con la temática peculiar de
los grabados galaicos.
No
cabe duda que los círculos,
tanto los más simples como
las más complejas combinaciones
de formas concéntricas, suponen
la temática básica de
nuestros grabados. Rarísimo
es el petroglifo en que las combinaciones
circulares no ocupan la mayor parte
del panel, y pueden contarse aquéllos
en que están totalmente ausentes.
Las variantes detectadas en las combinaciones
circulares son tan numerosas que poco
o nada puede aportar cualquier intento
de clasificación tipológica.
Desde las formas circulares más
simples, apenas integradas por un
punto central rodeado por un anillo
de pequeño diámetro,
hasta las gigantescas combinaciones
de círculos concéntricos
de los complejos de Tebra en Tomiño,
pasando por todo un enorme conjunto
de variantes, las más de las
veces formando abigarradas composiciones,
los círculos nos ponen de lleno
ante un universo de tipo simbólico
dificilmente desentrañable,
pese a los numerosos intentos que
se han hecho en este sentido, de no
contar con el adecuado "libro
de claves". Es sin duda el exponente
más claro de la existencia
de un lenguaje místico muy
complejo que pone a su vez de relieve
el nivel alcanzado por el universo
espiritual de la sociedad del momento.
Intimamente
relacionadas con el punto anterior,
hasta el extremo de compartir en todos
los casos las rocas con las combinaciones
circulares, están los diseños
en espiral. Muy escasos numéricamente,
la carga simbólica de estas
figuras parece ser idéntica
a la que se supone para los círculos.
Si
puntos, combinaciones circulares y
espirales forman en conjunto la temática
más amplia y fuertemente simbólica
de nuestros grabados, existe un tema
que pese a su limitadísima
presencia -no más de cinco
ejemplares-, no por ello dejó
de llamar poderosamente la atención
de los investigadores desde inicios
de este siglo: las figuras de "laberintos"
del tipo Mogor.
Centrada
su presencia hasta el momento en la
mitad meridional de la provincia de
Pontevedra y próxima a la costa,
las figuras de "laberintos"
tipo Mogor son copias exactas de diseños
de factura lo suficientemente complicada
como para que sea razonable suponer
que su realización implicaba
necesariamente el previo aprendizaje,
por lo que su presencia en tierras
galaicas podría ser puesta
en relación con determinados
contactos con focos culturales más
o menos cercanos.
La
literatura vertida sobre estas figuras
es abrumadora. Su amplia difusión
en Europa y la existencia de figuras
semejantes en América y Asia,
así como su datación
desde la Antigua Edad del Bronce en
el área del Oriente Próximo
hasta tiempos relativamente recientes
en otras zonas, nos pone ante un símbolo
universal de significado posiblemente
diferente según el lugar y
la época en que se inscriba.
Sin duda es uno de los temas cuya
inclusión en nuestro repertorio
iconográfico, si se demostrase
que su origen es foráneo, abre
mayores posibilidades de cara al estudio
de las relaciones mantenidas por el
área galaica en los momentos
de plenitud de los grabados rupestres.
La
temática abstracta se completa
con unas pocas figuras de cuadrados
de esquinas redondeadas, muy semejantes
a las combinaciones circulares, y
un par de esvásticas -una de
brazos rectos y otra curvos- y un
trisquel, todo ello tan escaso que
apenas supone algo relevante en el
conjunto del arte rupestre galaico.
Toda
la temática característica
del Grupo Galaico nos muestra un mundo
simbólico muy estructurado
y de enorme complejidad, producto
sin duda de una sociedad a su vez
muy desarrollada y compleja, como
más adelante veremos.
LOS
ASPECTOS ESPACIALES:
Es
ampliamente conocido que por el momento
no han podido ser localizados grabados
del Grupo Galaico sobre un tipo de
soporte diferente a los granitos,
de presencia marcadamente atlántica
dentro del Macizo Galaico. Esta constatación
abre no pocos interrogantes, el mayor
de los cuales sería comprobar
si en la elección del soporte
hemos de ver una imposición
de tipo cultural o son factores de
otro tipo los que han operado para
que en la actualidad no podamos disociar
nuestros grabados de las rocas graníticas.
La
resistencia de los granitos frente
a la actividad erosiiva de los agentes
atmosféricos está más
que probada, y contrasta con la realidad
observada en otros tipos de roca.
De ser esa sea la verdadera cuestión,
podríamos deducir que es posible
que hayan existido en su día
manifestaciones semejantes pero plasmadas
sobre una mayor o menor variedad de
soportes, y que sólo habrían
podido sobrevivir las que utilizaron
el granito. En tal caso, poco o nada
podríamos extraer del análisis
de la distribución espacial
global de los complejos rupestres,
pues estaría reflejando una
situación parcial y, por tanto,
errónea.
No
obstante lo anterior, que siempre
hemos de tener muy presente, hay un
aspecto que no deja lugar a dudas:
el núcleo central de los grabados
del Grupo Galaico se localiza, no
sólo desde una perspectiva
cuantitativa sino cualitativamente,
en el valle medio del río Lérez,
concretamente en los municipios pontevedreses
de Campo Lameiro y Cotobade. A partir
de aquí, los complejos rupestres
se van haciendo progresivamente menos
numerosos y de temática más
pobre y repetitiva, descendiendo de
forma harto elocuente la calidad general
de los grabados. Este proceso es rápido
hacia el interior y hacia el Norte,
en tanto que se torna más lento
en dirección Sur. Considerando
que las manchas de granitos sobrepasan
apreciablemente los límites
que acabamos de mencionar, parece
sensato suponer que el fenómeno
rupestre galaico es propio del área
atlántica, preferentemente
de la zona de las Rías Baixas,
aunque presente ciertas filtraciones
interiores y sin olvidar que, como
ya hemos advertido líneas arriba,
acaso los soportes utilizados originalmente
-y tal vez también las técnicas-
pudieron haber sido muy diversos.
Desde
una perspectiva más próxima,
la norma general es que nuestros complejos
rupestres muestren una tendencia muy
acusada a emplazarse a altitudes generales
medias y bajas, sobre esos pequeños
"outeiros" rocosos tan peculiares
del paisaje granítico galaico.
Se trata de elevaciones de pequeño
porte, con numerosos afloramientos
rocosos en su superficie e importante
erosión, y que se alzan casi
siempre sobre zonas de suelos pobres,
hoy pobladas de matorral o destinadas
a pastos, con puntos de agua en sus
proximidades.
En
un reciente estudio centrado en la
Península de Morrazo hemos
analizado la relación entre
los complejos de grabados rupestres
y los asentamientos supuestamente
coetáneos; es decir, los datados
en la etapa transicional III-II Milenios.
Los resultados apuntan a una ubicación
de los "outeiros" con petroglifos
en los límites de los teóricos
"territorios de explotación
preferente" de los asentamientos,
sobre terrenos actualmente incultos
destinados a monte bajo o a repoblación
forestal y circundando las tierras
de cultivo, definiendo con ello lo
que hemos dado en llamas "espacio
de la representación".
Ya
dentro del "outeiro", podemos
comprobar un detalle enormemente curioso
y de extraordinario interés:
casi nunca son las rocas más
adecuadas -al menos desde la óptica
actual- las que presentan grabados;
de igual manera, en casi todos los
casos conocidos las rocas elegidas
son las de superficie plana emplazada
a ras de suelo y por ello cubiertas
en mayor o menor medida por aportes
aluviales y depósitos recientes.
Si a todo lo anterior añadimos
la propia situación de las
rocas grabadas dentro del outeiro,
parece desprenderse que la mayor parte
de los petroglifos galaicos no fué
concebida para ser vista a distancia,
para destacar en el paisaje; por contra,
desde ellos suele ejercerse un claro
dominio visual sobre el entorno, sin
que podamos saber si este último
factor responde a una intencionalidad
o a la mera casualidad pese al énfasis
que en estos aspectos ponen desde
fechas recientes algunos autores.
Sólo suelen apartarse de la
norma los grabados en los que han
sido plasmadas tanto las figuras humanas
como las armas o los "ídolos-cilindro".
De todo lo dicho se pueden deducir
interesantes consideraciones que analizaremos
más adelante.
En
cuanto a la disposición de
las figuras sobre los paneles, no
es mucho lo que se puede decir, salvo
que existen argumentos razonables
para pensar que en la inmensa mayoría
de los casos todas las figuras son
sincrónicas y forman composiciones
intencionadas. Ciertos parámetros
se repiten hasta la saciedad; de ellos,
el más claro y frecuente es
el definido por una agrupación
de combinaciones circulares y/o espirales
rodeada por varias figuras de cérvidos.
En este orden de cosas, y pese a los
muy meritorios intentos llevados a
cabo hasta la fecha, los análisis
de tipo estadístico son poco
operativos; tengamos en cuenta al
respecto que las muestras de arte
rupestre que han podido sobrevivir
hasta nuestros días deben de
ser una ínfima parte del total
original, que de ellas se pueden contar
con los dedos de una mano las que
no han sido mutiladas por las canteras,
y que no cabe duda que muchos grabados
se habrán borrado por efecto
de la erosión. Nuestra visión
actual es, por más que nos
pese, parcial.
LOS
ASPECTOS CRONOLÓGICOS:
El
paso previo para cualquier análisis
en profundidad de nuestros grabados
pasa por su adecuada fijación
temporal. Este es un tema que ha ocasionado
las mayores controversias entre los
diferentes autores, si bien en la
actualidad parece haberse llegado
a un consenso casi general, con la
aceptación de su vinculación
a la Edad del Bronce en líneas
generales. Sin embargo, recientes
estudios precisan bastante mejor el
tema.
Cuando
la mayor parte de los autores aceptó
la vinculación de nuestros
grabados rupestres con la Edad del
Bronce -segunda mitad de la década
de los setenta- la hipótesis
era perfectamente coherente. No en
vano, la bibliografía arqueológica
europea más y mejor documentada
no dudaba en relacionar en líneas
generales los focos de arte rupestre
al aire libre de la Europa Occidental
con las fases de plenitud de la Edad
del Bronce, incluso incidiendo en
los momentos más tardíos,
ya inmediatos a la generalización
del Hierro, idea que todavía
se mantiene en casi todos los círculos
de la investigación actual.
Si así sucedía en Europa,
en Galicia la situación era
bastante peor, con una Edad del Bronce
"cajón de sastre"
en la que se arrojaban sin mayores
problemas todas aquéllas manifestaciones
de adscripción crono-cultural
poco clara. Como más adelante
tendremos ocasión de comprobar,
los indudables avances de la investigación
arqueológica producidos en
Galicia y N. de Portugal a lo largo
de la década de los ochenta
nos permiten en la actualidad ofrecer
una panorámica bien diferente
de la tradicional.
Si
no nos dejamos llevar por alegrías
especulativas y nos limitamos a manejar
prudentemente los datos objetivos,
hemos de convenir en que los únicos
temas que pueden ser utilizados con
un mínimo rigor para fijar
la cronología de nuestros grabados
rupestres son las armas y los diseños
de "ídolos-cilindro".
Tanto
los "ídolos-cilindro"
como los puñales, espadas cortas
y alabardas representados en nuestros
grabados, y que pueden ser relacionados
con total seguridad con modelos procedentes
del registro arqueológico por
la habilidad y detallismo con que
fueron plasmados, nos remiten sin
lugar a dudas a un marco temporal
muy preciso que podemos concretar
a lo largo del tercer tercio del III
Milenio y el primer tercio del I Milenio
en líneas generales; es decir,
a la fase más temprana de la
implantación de la Metalurgia
en el área galaica, de la que
ya hemos tratado más arriba.
Por tanto, nuestra perspectiva cronológica
actual se basa en los siguientes postulados:
-
En primer lugar, parece fuera de toda
duda que nuestro grupo de arte rupestre,
a la vista de la cada vez más
amplia serie de restos de rocas con
petroglifos reaprovechadas en la edificación
de poblados castrexos, había
dejado de existir ya en los conflictivos
tiempos de la transición entre
la Edad del Bronce y la Edad del Hierro,
fenómeno que para el área
galaica se puede establecer, como
veremos, en torno a los siglos IX-VII
a.C. y cuyo máximo interés
radica en corresponderse con la fase
de definitiva sedentarización
del hábitat galaico.
-
En segundo lugar, se constata hasta
la saciedad que, por el momento, el
único argumento cronológico
seguro que podemos utilizar es el
que se desprende de las figuras de
armas y de "ídolos-cilindro",
y que indica que durante la transición
III-II Milenios a.C. se grabaron,
al menos, los petroglifos en que aparecen
estas figuras concretas y los temas
clásicos con ellas asociados.
De
lo anterior se deduce que carecemos
de cualquier posibilidad de separar
nuestros grabados rupestres de la
fase ya comentada de la transición
III-II Milenios. Ahora bien, lo que
ya parece más dificil es definir
adecuadamente si la fase en cuestión
es el comienzo, el final, o la totalidad
del ciclo.
Como
más adelante detallaremos,
es bastante probable que los grabados
galaicos coincidan, al menos en parte,
con los tiempos finales del Megalitismo.
A primera vista, no parece que un
modelo de sociedad como el que se
supone para el pleno Megalitismo sea
el reflejado en los petroglifos. Del
mismo modo, hay elementos de juicio
más que suficientes para suponer
que la época de nuestros grabados
no sobrepasaría el primer tercio
del II Milenio, habida cuenta de la
clara ruptura en el registro arqueológico
que se produciría a partir
del segundo tercio del II Milenio
y que más adelante tendremos
ocasión de comentar con mayor
amplitud. Las dimensiones de esta
"crisis" son hoy por hoy
difíciles de evaluar, pero
está claro que entre otras
cosas supuso la interrupción
de la dinámica de intensificación
económica y de desarrollo social
de la transición III-II Milenios
en la que se inscriben con claridad
nuestros grabados. Se pierden más
o menos rápidamente las tradicionales
costumbres funerarias, perdemos de
vista los asentamientos y, por lo
mismo, la población, etc. Son
casi mil años de "crisis"
en la que es fácil pensar que
junto con todo lo anterior desaparecería,
al fallar la base social que lo sustentaba,
el Grupo Galaico de arte rupestre.
En
definitivas cuentas y como remate
del apartado cronológico, concluiremos
que los datos actuales de la investigación
indican que, en nuestra opinión,
el Grupo Galaico de arte rupestre
es obra de alguna o algunas de las
comunidades humanas asentadas en nuestro
territorio durante la transición
entre el III y el II Milenios a.C.,
período coincidente con el
final del Megalitismo y con el desarrollo
inicial de la Metalurgia.
EL
CONTEXTO CULTURAL
Los
comentarios que acabamos de hacer
sobre los aspectos espaciales y cronológicos
de los grabados del Grupo Galaico
nos facilitan el paso siguiente; es
decir, rastrear el universo simbólico
que sin duda se esconde detrás
del aparato temático más
característico.
Parece
claro que a la hora de de buscar en
nuestros grabados un repertorio figurativo
cargado de simbolismo, donde primero
lo encontramos es en el conjunto que
hemos denominado "abstracto";
es decir, en las combinaciones de
círculos, espirales y otros
temas geométricos. Este bloque
temático tan característico
requeriría obligatoriamente,
para su correcta interpretación,
del conocimiento de las claves y,
por consiguiente, de un proceso de
aprendizaje. Más adelante insistiremos
en este último aspecto y en
las consecuencias que de él
pueden derivarse; quedémonos
ahora con la idea incuestionable de
que, tras la reiteración sobre
los paneles de estos temas geométricos
de carácter abstracto, subyace
todo un complejo mundo de creencias,
de símbolos, que pone de manifiesto
un apreciable nivel de desarrollo
intelectual y de evolución
social.
Ciertas
figuras muy concretas parecen estar
dotadas de un simbolismo particular.
Es, por ejemplo, el caso de los cérvidos,
animales omnipresentes en el repertorio
figurativo de nuestro grupo rupestre.
La reiteración con que han
sido representados, en contraste flagrante
con la total ausencia de las restantes
especies animales si exceptuamos varios
caballos y una serpiente; la plasmación
muy frecuente de escenas de comportamiento
que revelan una aguda percepción
de la realidad y no poca familiaridad
con el tema por parte de los autores;
los numerosos casos de ciervos que
están siendo cazados, heridos
o, incluso, "cabalgados";
la constatación de la existencia
de una relación clara y directa
entre las figuras de ciervos y la
temática abstracta -ciervos
arrastrando círculos, ciervos
adosados a círculos y, sobre
todo, ciervos rodeando agrupaciones
de círculos concéntricos
y/o espirales-; etc., parecen poner
de manifiesto que para los autores
de los grabados, el ciervo era un
animal dotado de fuerte carga simbólica.
Este es un detalle que puede rastrearse
también en otros focos culturales
europeos de los inicios de la Metalurgia,
con lo que la vinculación del
ciervo -y también ocasionalmente
del caballo- con el universo de las
creencias "religiosas" de
la época parece que estaba
muy generalizada, sin que por el momento
podamos hacer mayores precisiones
fuera del campo de la mera especulación.
El
panorama se despeja en cierta medida
cuando analizamos la figura humana
y las escenas en que participa. Dejando
aparte ciertos diseños más
o menos "antropomorfos"
que, como ya hemos mencionado, casi
con total seguridad hemos de identificar
con algun tipo de divinidad, cuando
encontramos figuras humanas, éstas
se han representado desempeñando
unas actividades que, en buena lógica,
hemos de catalogar como de prestigio
social: la caza y la equitación.
Nunca vemos seres humanos ejercitando
acciones supuestamente corrientes
como labores agrícolas, ganaderas,
etc. Ello nos está poniendo
de relieve que no se trata de imágenes
de personajes vulgares sino, bien
al contrario, de individuos de alto
prestigio social. No son jinetes corrientes
ni cacerías normales sino actos
y actores fuera de lo común,
mitificados y sacralizados, de lo
que se puede colegir también
la existencia de una clara diferenciación
social.
La
hipótesis anterior se refuerza
al observar el tema de las armas grabadas
en nuestros petroglifos. Los modelos
son muy concretos: espadas o puñales,
alabardas y escudos. Nótese
la ausencia de otras armas que pudiesen
cumplir también una función
utilitaria, como las hachas. Son siempre
armas de claras connotaciones sociales,
elementos de prestigio indicadores
del alto estatus de quien las posee
y exibe. Es de sobra conocido el valor
simbólico de la espada y de
la función que en muchas culturas
y épocas ha cumplido como referente
del valor -en sentido amplio- de su
dueño; algo muy semejante parece
haber sucedido en el caso de las alabardas,
aunque la corta duración temporal
de este modelo de arma no ha facilitado
su paso a la tradición oral;
por último, no necesitamos
incidir en la relación directísima
que siempre ha existido entre el escudo
y la simbología del poder.
Resumiendo, en las figuras de armas
de los petroglifos galaicos parece
que se concentra una buena parte del
mundo ideológico de carácter
secular propio de los primeros tiempos
de la Metalurgia en nuestra zona.
Volvemos a comprobar que nos hallamos
ante una sociedad estructurada en
torno a la desigualdad y tal vez con
evidencias de clases diferenciadas.
Por
si todo lo dicho no fuese suficiente,
recordemos que al tratar de la dimensión
espacial de los grabados del Grupo
Galaico habíamos notado una
cierta tendencia de la temática
más claramente simbólica
-el repertorio abstracto- a aparecer
sobre superficies rocosas apenas destacadas
del entorno inmediato; por contra,
los temas más o menos narrativos
solían estar plasmados sobre
rocas bien visibles. Qué consideraciones
podemos extraer del análsis
de este fenómeno?.
Parece
evidente que los dos grandes bloques
temáticos en que hemos dividido
el repertorio figurativo de los grabados
rupestres galaicos responden, dentro
de un universo simbólico de
gran unidad, a dos formas de "lenguaje"
diferentes pero que en buen número
de casos se complementan y en las
que subyace la impronta de una peculiar
organización social.
Un
lenguaje que podemos definir como
"privado" o "cerrado"
sería el derivado de la temática
de corte abstracto grabada sobre paneles
casi siempre horizontales y poco o
nada destacados sobre el terreno,
hasta el punto de estar muchas veces
cubiertos por sedimentos recientes
producidos por los agentes erosivos
y los trabajos de extración
de piedra. Se trata de los diseños
geométricos en general y buena
parte de los zoomorfos más
corrientes; es decir, el repertorio
figurativo más corriente y
abundante, el más característico
de nuestro grupo rupestre. Este lenguaje
podría ser el reflejo de un
ritual simbólico-religioso
también "restringido"
dado que la temática, por su
acentuado simbolismo, requeriría
de un imprescindible aprendizaje previo
para su correcta interpretación
y para su transmisión, proceso
en el que muy probablemente la mayor
parte de la comunidad quedaría,
si no totalmente al margen, sí
ajena al mismo.
Frente
a lo anterior, se distingue con absoluta
nitidez la presencia, no por minoritaria
menos elocuente, de un lenguaje radicalmente
diferente, de una temática
que podríamos denominar "abierta".
Nos referimos a los grabados sobre
planos inclinados de ciertas rocas
facilmente visibles incluso desde
distancias apreciables; es decir,
concebidos para ser vistos. Junto
a algunos exponentes de la temática
clásica, aparece ahora un repertorio
figurativo más inteligible
o, al menos, identificable. La presencia
de figuras humanas -"guerreros",
cazadores, jinetes- formando verdaderas
escenas de monta, de caza, de equitación,
que tienen todo el aspecto de corresponderse
con actividades no cotidianas sino
de alto prestigio social, y, sobre
todo, las figuras de determinados
modelos de armas de metal de estatus,
casi con toda seguridad están
reflejando la existencia de determinadas
élites que tal vez se servirían
de estos grabados para manifestar
y reafirmar su poder.
Todo
lo dicho parece indicar que el arte
rupestre galaico está muy lejos
de constituir una mera e inocente
manifestación estética.
En él subyace un fortísimo
componente ideológico que es
fiel reflejo de la existencia a su
alrededor de un mundo espiritual relativamente
complejo en el que necesariamente
habrían de jugar un papel de
relevancia ciertos individuos destacados
que detentarían un mayor o
menor grado de poder ideológico
y, casi con total seguridad, material,
al disponer del código de claves
para interpretar el universo simbólico
representado en los grabados, lo que
les permitiría el contacto
directo con la/las divinidad/es. Por
otro lado, parece también evidente
la existencia de otro tipo de élite,
en este caso de naturaleza "política",
que reafirmaría su poder con
la plasmación propagandística
de ciertas actividades de considerable
prestigio social como la caza o la
equitación y con la exhibición
de objetos de estatus como son ciertas
armas de metal, aspectos ellos que
apuntan la preeminencia del varón
en la sociedad.
Todo
lo anterior puede ser considerado
como una amplia serie de indicios
racionales que nos permiten entrever,
a través de un fenómeno
complejo y de fuerte carga ideológica
como parece ser el arte rupestre galaico,
la existencia de una sociedad en pleno
proceso de desarrollo que muestra
una tendencia bastante clara hacia
la estratificación social;
exactamente el mismo modelo social
que el análisis arqueológico
nos había puesto de manifiesto
para la transición III-II Milenios
en esta zona geográfica. Por
tanto, los grabados rupestres galaicos,
lejos de su tradicional consideración
como inocente manifestación
estética, parece evidente que
potencian y hacen visibles los mismos
elementos que el registro arqueológico
nos presenta como manifestaciones
de una sociedad dividida y estructurada
en torno a la desigualdad; así,
el arte rupestre se convierte en discurso
de poder y se integra plenamente en
el conjunto de resortes ideológicos
de los grupos sociales dominantes.
BIBLIOGRAFIA
-
Sigue siendo una obra de consulta
imprescindible para conocer los grabados
rupestres gallegos: SOBRINO BUHIGAS,R.:
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Santiago de Compostela, Seminario
d'Estudos Galegos, 1935.
-
La obra que inicia la investigación
actual es: PEÑA SANTOS,A. de
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gallegos. Grabados rupestres prehistóricos
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Ediciós Do Castro, 1979 (reeditada
en 1992).
-
Síntesis recientes sobre el
tema son: PEÑA SANTOS,A. de
la: "Petroglifos". Gran
Enciclopedia Gallega, 24. Santiago
de Compostela, 1984, p.p. 227-230;
y las más recientes y de gran
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Petroglifos de Galicia. "Biblioteca
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1990; VAZQUEZ VARELA,J.M.: "Los
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Como catálogo de estaciones
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y NOVOA ALVAREZ,P.: Los grabados rupestres
de Galicia. "Monografías",
6. Coruña, Museo Arqueolóxico
e Histórico, 1993.
-
Para una visión más
profunda de temas particulares, destacamos:
PEÑA SANTOS,A. de la: "Notas
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rupestres de O Castriño en
Conxo, Santiago de Compostela".
El Museo de Pontevedra, XXXIII. Pontevedra,
1979, p.p. 69-100; PEÑA SANTOS,A.
de la: "Las representaciones
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Salamanca, Universidad, 1980, p.p.
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Madrid, Zugarto Ediciones, 1982, p.p.
6-13; PEÑA SANTOS,A.de la:
"Laberinto". Gran Enciclopedia
Gallega, 18. Santiago de Compostela,
1982, p.p. 142-143; COSTAS GOBERNA,F.J.,
PEÑA SANTOS,A.de la y REY GARCIA,J.M.:
"A propósito de la figura
humana: una disculpa para reconsiderar
el arte rupestre galaico". Actas
del XXII Congreso Nacional de Arqueología-Vigo
1993, II. Vigo, 1995, p.p. 125-130.
-
Las tendencias actuales de la investigación
pueden analizarse en: VAZQUEZ VARELA,J.M.:
"Ideología y poder en
el arte rupestre prehistórico
gallego". Cuadernos de Estudios
Gallegos, XXXIX. Santiago de Compostela,
Instituto P.Sarmiento de Estudios
Gallegos, 1991; p.p. 15-22; PEÑA
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"El espacio de la representación.
El arte rupestre galaico desde una
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Pontevedra, Diputación Provincial,
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del espacio: algunos ejemplos gallegos".
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