ARTABRIA
Museo
Arqueolóxico e
Histórico
 
 

 

Artabria


Cincuenta y cinco años han pasado desde que un joven coruñés, profesor de universidad en Santiago, se atrevió a excavar en el Castro de Elviña, un yacimiento arqueológico hasta entonces prácticamente desconocido, situado en los dominios de los antiguos ártabros. Con el apoyo de la Universidad compostelana y del Ayuntamiento coruñés, Luis Monteagudo pudo por fin levantar, en septiembre de 1947, la primera tierra del poblado protohistórico, iniciando así una investigación que, tras varias décadas de dificultades e intermitencias, vuelve a estar hoy de actualidad.

Monteagudo sólo dirigió (o codirigió, pues el Estado de entonces nombró como director comisario a José María Luengo) la primera campaña, pero su breve actuación fue suficiente para definir las principales características del asentamiento castreño: un poblado en altura con recintos concéntricos, fuertemente amurallado, con una entrada monumental en rampa flanqueada por torreones, y al menos dos niveles de ocupación, uno prerromano y otro de plena época romana. También en esa campaña del 47 apareció la primera pieza de oro, un fragmento, que anunciaba el hallazgo, años más tarde, del conjunto de diadema-cinturón, gargantilla y collar conocido como “Tesoro de Elviña”, que puede contemplarse hoy en el Museo Arqueológico del Castillo de San Antón, y a cuyo estudio dedica un curso este verano la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Las campañas de excavación anuales prosiguieron bajo la dirección de Luengo hasta 1953; en ellas vieron la luz una buena parte de la muralla del recinto superior del yacimiento, la croa, así como los cimientos de varias construcciones, entre las que cabe destacar la monumental fuente-aljibe a la que se desciende por una doble escalera, además de abundantes restos de los objetos, principalmente cerámicos, utilizados por los antiguos pobladores. Fue en la última campaña, en 1953, cuando se descubrió el fabuloso “Tesoro de Elviña” que hemos citado, tras lo cual se paralizaron las excavaciones a la espera de un plan de mayor envergadura que nunca llegó a nacer.

Veinticinco fueron los años transcurridos en una larga etapa de abandono, tras la cual el Museo Arqueológico, que había sido creado entretanto, emprendió, a finales de los 70, dentro del intento de revitalización de la arqueología promovido por el Instituto de Estudios Gallegos “Padre Sarmiento”, una nueva serie de campañas, enfocadas más a la recuperación, revalorización y difusión de lo anteriormente excavado que a nuevas excavaciones, al tiempo que elaboró diversos planes para el futuro del Castro de Elviña. A pesar del empeño puesto por el Museo y por su director Felipe Senén López, los seis años de campañas no tuvieron continuidad y la actividad arqueológica en Elviña cesó tras el otoño de 1985. El castro quedaba entonces en perfecto estado de revista, con sus construcciones reexcavadas (y bien comprendidas, sobre todo la compleja casa de la Exedra en la que se superponían diferentes construcciones), sus materiales ordenados y expuestos en el Museo de San Antón, y sus murallas restauradas bajo la dirección del arquitecto Carlos Fernández-Gago, ese Carolo incansable en su defensa del Patrimonio de Galicia, a quien tantos añoramos tanto.

Llegó entonces el turno de los despachos. La experiencia pasada, que había proporcionado importantes avances en el conocimiento, había agotado también las posibilidades que ofrecían las actuaciones parciales, no carentes de una buena dosis de necesaria improvisación, y ponía de manifiesto que no se podía avanzar con seriedad sin un plan de conjunto, cuyo paso previo imprescindible era conseguir que los terrenos del castro, todos ellos de propiedad privada, pasasen a ser de propiedad pública. Así se entró en una fase de trabajo burocrático y negociación política en la que se emprendieron sucesivos intentos entre administraciones que no se vieron coronados por el éxito. Entretanto, nuevamente fue el silencio sobre el castro, y nuevamente la maleza, cuando no la absurda destrucción voluntaria, se adueñaron de unas ruinas que representan el comienzo de nuestra historia como colectivo. Pero todo se acaba algún día, y también el persistente infortunio que persiguió al Castro de Elviña durante más de medio siglo parece alcanzar ahora su final.

Cincuenta y cinco años después de la primera palada de Luis Monteagudo, todo indica que ha llegado el momento de la definitiva recuperación de Elviña. El actual proyecto municipal ha conseguido salir adelante y, tras un período de elaboración y trámites, este año se inician por fin las actuaciones en el castro, siguiendo un amplio y ambicioso programa que, promovido por el Ayuntamiento coruñés, cuenta también con el apoyo y la colaboración financiera de la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia, y que ha sido elaborado con la colaboración hasta el momento de equipos técnicos de las universidades de Santiago y Barcelona.

Es de justicia señalar que los proyectos actuales coinciden en buena medida, y desde luego en sus planteamientos previos, con el plan que, bajo el título “Turismo en Elviña”, había redactado Luis Monteagudo poco después de su dirección de la campaña de 1947, y que hace una década sirvió de motivación a un nuevo informe municipal redactado al comienzo del proceso que llevó a la situación actual. Decía Monteagudo en su informe, que parcialmente transcribimos:

“Sistemática de un plan conjunto

El valle de Elviña y la inmediata meseta de Monte das Arcas (a Zapateira) por varios motivos contienen un conjunto de valores suficientes para encumbrar a la categoría de ciudad histórico-turística europea de primer orden con las consiguientes ventajas económicas y supervaloración cultural.

Elemento valorantes.

1. Histórico-arqueológico
Campo de la batalla de Elviña. El que se haya resuelto aquí el epílogo de retirada más larga y más inglesa de la historia de esta nación tiene para los ingleses una entraña afectiva y una novedad constantemente renovada (cf. palabras de Churchil con ocasión de Dunquerque, la retirada de Amenhist) acrecentados por la fama de héroe y romántico que goza Moore en Inglaterra. Se conserva laureada la piedra donde cayó herido el general a pocos metros de la casa del cura, que fue durante la batalla el cuartel general de Soult.
Castro céltico de Elviña. Es modelo típico de castro galaico romanizado del Norte de Galicia. Las dimensiones de su muralla (la más grande de espesor investigado) habla de su importancia militar y acaso económica, y la cúpula de una de sus casas circulares en el único comprobante en Galicia de esta clase de cubrición recientemente descubierta en los castros del Norte de Portugal.
Necrópolis precéltica de 30 mámoas. de Monte das Arcas (entre Vilaboa y Uxes, a lo largo de 2 kms.) Probablemente no hay en Europa una necrópolis que teniendo 4500 años esté tan próxima a una capital de la importancia de La Coruña. Saqueadas las mámoas hace dos o tres siglos sólo dos fueron recientemente excavadas por encima.
El hórreo de piedra de la casa del cura de Elviña es el 3º por su tamaño en Galicia, excelente ejemplar de la cantería gallega del siglo XVIII. El punto donde se encuentra es el más elevado de las cercanías de La Coruña y su panorama espléndido.

2. Estético.
La parroquia de Elviña y los lugares de Castro y Lagar están en el paraje más próximo y más típico de las cercanías de La Coruña. El hórreo de piedra, el carro chillón, la iglesia románica en buen estado, el crucero más elegante de la provincia, casas con mampostería al aire y su alpendre; empinadas y tortuosas corredoiras, castaños, pinos, prados constituyen un sedante que influye en la psiquis afectiva del turista que puede admirar todo esto, apreciando el contraste pocos minutos después de pasearse por la bulliciosa calle Real.
El paradisíaco panorama que se divisa desde el dominante castro es indescriptible por su calidad y cantidad, "El gentil semicírculo del caserío coruñés, bando de palomas blancas, cada año más numerosas" (Pardo Bazán, Pastoriza) refulge como la más bella perla en el azul.
El castro señorea dos feraces aunque pequeños valles, el de Elviña y el de Feáns.

3. Cultural.
La realización completa de un plan científico elevaría el nivel cultural de nuestra ciudad a la altura que a principios de siglo alcanzó. Las mámoas y el castro, excavaciones que convertirían a La Coruña en el centro de estudios galaicos, con las consiguientes conferencias, cursillos, congresos, visita de hombres de ciencia, etc. Dichas excavaciones serían la base para la constitución de un eficiente museo arqueológico que recogiera todos los restos abandonados que existen por la provincia.

4. Económico - Turístico.
Hecha una meditada y amplia propaganda, la atracción turística a Elviña, sobre todo inglesa, superaría la imaginable, aún sin esperar a que se normalice completamente la situación internacional. Al turista español había que destacar los prehistórico y hermoso, al inglés lo afectivo y pintoresco, al norteamericano lo cómodo y legendario.”

Muchas cosas han cambiado desde que Monteagudo redactó las líneas anteriores, y no siempre en la dirección correcta. Si la situación internacional está completamente normalizada (¿quién podía pensar en la Unión Europea a finales de los 40?), también es cierto que muchos de los valores que Monteagudo reseñaba han sucumbido a los efectos de una expansión urbanísticamente desordenada, reflejo de una época que tanto daño causó en la ciudad y en sus alrededores. A pesar de eso, no todo se ha perdido: aunque la necrópolis megalítica está hoy desaparecida en su casi totalidad y las aldeas se han convertido en un abigarrado conjunto de construcciones inarmónicas, ciertos edificios y parajes de singular interés han sido rehabilitados e integrados en un campus universitario que ocupa buena parte del valle de Elviña y del solar en el que hace casi doscientos años se desarrolló la famosa batalla, de forma que, en el mismo lugar, el estudio y el desarrollo intelectual han venido a suceder a la actividad de matarse unos a otros, lo que no parece un mal cambio de uso. Y sobre todo, tanto el propio castro como el terreno que lo circunda permanecen casi milagrosamente vírgenes, en un paisaje de suaves elevaciones y vaguadas sorprendentemente libres de edificaciones en un medio periurbano.

Esa zona bien conservada, que comprende el final de A Zapateira, la cresta que la prolonga en As Cadeiras y las dos vaguadas que se unen para formar la cabeza del valle de Feáns, abarcando en su conjunto cerca de 60 hectáreas, corresponde al espacio cuya propiedad pública se pretende obtener a lo largo de varios años, y sobre el que se proyecta actuar. Con el castro como centro, tanto físico como temático, la actuación no se circunscribe a la excavación y puesta en valor del yacimiento arqueológico, sino que se extiende a la totalidad de valores que soporta el territorio, como bien señalaba Monteagudo. Elviña es un castro, un poblado protohistórico, por supuesto. Pero es a la vez muchas otras cosas más. Es el espacio de la Batalla de Elviña; es la historia transcurrida entre el castro y la batalla, que dejó sus huellas en la articulación de las formas agrarias; es una configuración del espacio; es un conjunto de árboles y plantas, de caminos y de recuerdos. Es, tal vez sobre todo, un espacio hermoso y abierto, un parque que se ha de integrar en la ciudad y en sus ritmos urbanos, un trozo de naturaleza en la ciudad, un fragmento del pasado en el presente. Un lugar para pasear y disfrutar, un lugar para descubrir y comprender.

Muchos son, por lo tanto, los elementos y los estímulos que se han de tener en cuenta a la hora de actuar. Y ha de hacerse con la necesaria cautela y delicadeza para que no desaparezcan los valores que hacen de Elviña un lugar deseable y estimulante.

Comenzando por el propio territorio, que irá pasando paulatinamente a titularidad pública durante los próximos años, y que sirve de soporte al futuro parque. Las dos vaguadas que caen hacia el suroeste flanqueando el montículo del castro se unen en la cabecera del valle conformando un espacio de tendencia cerrada, una hondonada rodeada por alturas. El respeto a la configuración tradicional es en este caso la norma a seguir: los caminos, los valados, las parcelas, han de conservarse sin más modificaciones que las que se deriven de su adecentamiento y consolidación en los casos necesarios. La supresión de especies foráneas (eucaliptos, mimosas) de las laderas arboladas ha de ir acompañada de la necesaria reforestación con árboles autóctonos, poniendo los cimientos para que los años creen bosques tradicionales, fragas o carballeiras. Las parcelas de cultivo, que descienden en terrazas por las vaguadas o se abren en amplitud en el llano (donde los nombres de Mesoiro y Someso revelan su antigua dedicación al cultivo de cereal), han de ser aprovechadas para la investigación y la didáctica de las formas de cultivo desaparecidas o a punto de extinguirse, de la prehistoria a la actualidad. Será la zona menos transformada, en la que el respeto por lo existente se unirá a la ausencia de nuevas construcciones, dando lugar a una amplia superficie cruzada por antiguos caminos óptimos para el paseo, en los que se colocarán indicadores de diversos tipos que señalen los puntos de mayor interés y proporcionen elementos para provocar la curiosidad y obtener la respuesta buscada.

En medio de este parque se alza el castro, en el centro de la superficie de casi 13 hectáreas que ha pasado este año a ser de dominio público. Un poblado amurallado de unas dos hectáreas y media en el que queda un enorme trabajo por hacer. En primer lugar, volver de nuevo a desandar lo andado: una vez más hay que recuperar lo que se permitió que el tiempo ahogase en impenetrable maleza de toxos y silvas. La roza y limpieza de esa maleza, junto con la tala de eucaliptos y mimosas, es la primera actuación a realizar. Tras ella, la recuperación y consolidación de todos los elementos constructivos, murallas y restos de edificios, actualmente invisibles y a los que resulta hoy imposible acceder. Sólo entonces, con el castro desbrozado y las ruinas limpias y consolidadas, se abordarán nuevas investigaciones, tanto abriendo nuevas áreas de excavación, como aplicando la más actual tecnología para intentar conocer previamente los rasgos del subsuelo mediante prospecciones en superficie con métodos eléctricos, magnéticos, electromagnéticos y de georrádar. La limpieza de la maleza devolverá al castro su característico perfil, en el que se perciben sus sucesivos recintos amurallados antes incluso de ser excavados. La actividad arqueológica siempre provoca la curiosidad del público, y éste tendrá acceso a la misma mediante la visita a las excavaciones, que serán explicadas por miembros del equipo arqueológico, integrado por profesionales y estudiantes que tendrán así ocasión de aprender las técnicas en la práctica.

Aunque la arqueología llama cada vez más la atención del público, no es extraño que tras la visita a un yacimiento arqueológico nos quede un regusto agridulce en el que la fascinación se mezcla con la frustración. Fascinación por sabernos en presencia de restos de gran antigüedad, de huellas reales de la vida humana de hace cientos o miles de años. Frustración porque, a pesar de esa fascinación y de haber puesto interés por nuestra parte, no nos hemos enterado de casi nada, y además nos hemos hecho un lío con el montón de fechas y nombres, éstos generalmente en latín. Nos ha gustado, nos ha emocionado, pero en el fondo no hemos visto más que muros ruinosos de los que no fuimos capaces de extraer más que el valor romántico de la propia ruina. Y, aunque no lo digamos, también nos vamos con un cierto escepticismo acerca de lo que nos han contado. ¿Cómo es posible que esos señores sepan que estos restos son de la antigüedad que nos dicen? ¿Cómo nos pueden hablar de sus costumbres, de sus enfermedades, de su vida? ¿No habrá mucho de cuento en todo esto? ¿No nos habrán tomado el pelo, al fin y a la postre?

Queremos que la visita a Elviña sea diferente. El visitante ha de saber qué es lo que está viendo, y se le ha de explicar el qué, el cuándo, el cómo y el por qué de las ruinas que tiene delante de sus ojos, faltaría más. Pero pretendemos que no se quede ahí. En el intento de trascender la visita tradicional, se ha diseñado un complejo de tipo didáctico (y también lúdico, ¿por qué no?) en el que el público, además de aprender cosas sobre el castro y la cultura castreña, pueda encontrar respuestas a su curiosidad acerca de cómo es posible saber lo que nos dicen que se sabe, pueda comprender y emplear los métodos de los historiadores y los arqueólogos, pueda valorar el mayor o menor grado de certeza que ofrecen, pueda enfrentarse a las fuentes y a las técnicas que permiten llevar a buen término esa tarea en cierta forma detectivesca que es escribir la historia, construirla desde el presente. Finalmente, queremos que, tras conocer la historia y comprender y valorar cómo se ha llegado a ella, pueda jugar a revivirla, mediante talleres en los que vea o practique determinados gestos y técnicas propios del pasado. Tres son, por lo tanto, los elementos novedosos que integran, junto con el parque y el castro, el complejo patrimonial, didáctico y lúdico bautizado como Artabria, la tierra de los artabros:

  • Un edificio de buen tamaño, la Casa de la Historia, que servirá al tiempo de centro de recepción de visitantes, concebido como un museo interactivo sobre la historia, la arqueología y sus métodos. En este edificio, situado en la vertiente norte de As Cadeiras, frente a las facultades del campus, el visitante podrá, a la vez que recorre la historia de forma retrospectiva desde la actualidad hasta la época castreña, reflexionar activamente sobre los métodos de conocimiento del pasado, sus limitaciones y sus posibilidades. En su zambullida en el mundo de la historia, a medida que avanza en el edificio y al tiempo asciende dentro de él la colina de As Cadeiras, irá jalonando su camino con hechos significativos de la historia de la ciudad, entre los que no puede faltar la Batalla de Elviña, acontecimiento que, junto con el castro, confiere su máximo sentido al lugar. La ubicación de la Casa de la Historia fuera del espacio de parque, orientada hacia la ciudad y situada en un paisaje urbano contemporáneo como es el campus, hace que sirva también de espacio de tránsito para el visitante, que entra en el edificio en un ambiente plenamente artificial y, tras su recorrido por la historia, sale de él en lo alto de la cresta de As Cadeiras, en lo alto del parque de Artabria que se extiende ante su vista y a sus pies, encontrándose de forma casi mágica en un espacio dominado por lo verde, lo que para nosotros es naturaleza aunque haya sido desde hace milenios domesticado por grupos humanos. Desde allí puede orientar su camino hacia la visita al parque y sus diferentes espacios agrarios y de bosque, acercarse hasta el castro que contempla a su izquierda para visitar sus restos auténticos de murallas y edificios, o caminar a la derecha para disfrutar con los otros dos espacios de Artabria de los que hablamos de inmediato.
  • A la derecha del punto de distribución y cruce de caminos situado a la salida de la Casa de la Historia, en lo alto de As Cadeiras, en el extremo oeste de su cresta se habilitará un conjunto sobreelevado de casas construidas al estilo castreño, con plantas circulares, ovaladas o rectangulares, con paredes de mampostería y tejados cónicos de paja o xesta o a doble vertiente cubiertos con teja o pizarra, a modo de barrio de un castro. Este espacio de recreación de un habitat castreño, el Artabrorum, posibilitará un contacto directo, empático y experimental, con diversos aspectos de la vida en la época de los ártabros. El visitante podrá recorrer libremente los rueiros y las pequeñas plazas, y entrar en las diferentes casas, en cuyo interior podrá sentir directamente el estilo de vida doméstica de la época, o encontrarse con actividades (fundición de metales, alfarería, panadería y cocina, etc.) en las que podrá también participar.
  • Finalmente, bajo Artabrorum encontrará el visitante un amplio espacio semisubterráneo separado del parque mediante paredes de vidrio transparente: es el lugar de trabajo de los arqueólogos que investigan el castro, con sus mesas, sus estanterías, sus aparatos y sus restos arqueológicos. La investigación arqueológica se hace transparente al visitante, que puede contemplar a los arqueólogos en plena tarea, dibujando planos, restaurando cerámicas o peleándose con el ordenador. En visitas programadas se podrá acceder también al interior de este laboratorio, adentrarse en sus secretos e incluso participar de su actividad. Inmediato al laboratorio está otro nuevo espacio en el que en una amplia sala se desplegará una exposición dedicada íntegramente a la explicación del Castro de Elviña, del mundo castreño y de la prehistoria de Galicia, en donde el visitante que así lo desee podrá encontrar datos más detallados sobre estos aspectos.

Llegados aquí, el parque de Elviña, Artabria, se nos presenta como el proyecto complejo y ambicioso al que al principio hicimos referencia. Es un parque, pero un parque que, además de ser convertido en un lugar hermoso y agradable para el paseo y el esparcimiento, ha de ser analizado y diseccionado para extraer todos los elementos susceptibles de provocar curiosidad, y que ha de ser habilitado con los elementos informativos capaces de responder a ella. Es un poblado protohistórico que hay que excavar, investigar, consolidar y adecuar para la visita. Y es un amplio conjunto de instalaciones didácticas y lúdicas concebido para que el aprendizaje se convierta en placer de ocio creativo. Es, en conjunto, un reto duro y apetecible a la vez. Es, sobre todo, un proyecto de una ciudad dinámica que integra el conocimiento en su vida cotidiana.

Pero todavía faltan años para que los proyectos estén plenamente ejecutados. De momento, estamos empezando a andar el camino; un camino en el que queremos que usted, señora, señor, nos acompañe. De modo que, si así lo desea, al terminar su lectura de este artículo, aproveche la tarde de verano para subir a Elviña y ver cómo avanzan las primeras obras. Allí nos encontrará desbrozando maleza, consolidando muros, descubriendo potentes murallas, en plena faena, metidos de lleno en este proyecto apasionante y -se lo juro- agotador.

Le esperamos.

Castro de Elviña, primavera de 2002

 

Artabria
José Mª Bello

(revista La Coruña, 2002)

 

Figuras

(pulse sobre la figura para ampliar)

Fig. 1: Fotografía aérea de la croa y construcciones de la terraza sur(Ca. 1985)

Fig. 2: Fotografía aérea de la croa y la terraza oeste (Ca. 1985)

Fig 3: El castro en la actualidad, visto desde el sur.

Fig 4: Una casa del castro a finales de los 80.

Fig 5: La misma casa en la actualidad, cubierta de maleza.

Fig 6: Zona de construcciones en la actualidad, cubiertas de maleza.

Fig 7: Entrada a la croa, con torreones y rampa (Ca. 1985).

Fig 8: Muralla de la croa (Ca. 1985).

Fig 9: Fuente-aljibe (Ca.1985).

Fig 10: Plano-propuesta general del parque, con la Casa de la HIstoria, Artabrorum, itinerarios y el castro.

Fig 11: Superficie actual de titularidad pública sobre la que se actuará este año, señalando las antiguas construcciones.

Fig 12: El Tesoro de Elviña. Diadema-cinturón, gargantilla y collar articulado con colgante.

Fig 13: Diadema-cinturón del Tesoro de Elviña. Detalle.

Fig 14: Colgante del collar del Tesoro de Elviña. Detalle.

 

 
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