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Entramos
así de lleno en el mundo peculiar de las
pseudociencias, abandonando temporalmente
la arqueología científica o académica
para sumergirnos en un batiburrillo de
difícil definición precisa, en el que
estos asuntos arqueológicos, siempre separados
de su contexto y abordados desde planteamientos
que nada tienen que ver con los métodos
y técnicas de la disciplina, van a estar
acompañados de fenómenos como la astrología,
el triángulo de las Bermudas, los biorritmos,
la ufología, la parapsicología, la combustión
espontánea, la videncia, las medicinas
alternativas, y un largo etcétera. A pesar
de la dificultad de definición común para
ese enorme cajón de sastre en el que cabe
cualquier cosa con tal de que sea rarita,
se pueden encontrar ciertos rasgos que
lo caracterizan. Según Claudio Ramírez
(s.f.), del Centro Argentino para la Investigación
y la Refutación de la Pseudociencia (CAIRP),
hay pseudociencia cuando:
•Se establece que el dato u objeto
estudiado está tergiversado o es falso.
•Se afirma algo que contradice lo
que surge de elementos auténticos.
•Se formulan especulaciones o se
intentan demostrar teorías basándose en
datos incompletos, irrelevantes, inconducentes,
inconexos, malinterpretados o que directamente
no guardan relación alguna con lo que
se pretende demostrar.
•Se explica algo basándose en otras
pseudociencias.
•Se utiliza la indeterminación existente
(o aparentemente existente) en algunos
temas para convertirlos en algo misterioso,
entendiendo por esto "algo sin explicación
posible dentro de los límites de la Ciencia
y el entendimiento humanos".
Por su parte, Javier Armentia (1999) cita
las características que propone el filósofo
Paul Kurtz, a saber, que las pseudociencias
son materias que:
•No utilizan métodos experimentales
rigurosos en sus investigaciones.
•Carecen de un armazón conceptual
contrastable.
•Afirman haber alcanzado resultados
positivos, aunque sus pruebas sea altamente
cuestionables, y sus generalizaciones
no hayan sido corroboradas por investigadores
imparciales.
A estas características, y a la redefinición
de la segunda como "la existencia de hipótesis
no refutables o no falsables", añade Armentia
otra cual es el hecho de que "los proponentes
de las pseudociencias son normalmente
muy reacios a la evaluación o público
escrutinio de sus experimentaciones".
Asimismo, es frecuente el olvido del "principio
fundamental del método científico, expresado
en la máxima de Hume 'el peso de la prueba
reside en quien hace la afirmación', completado
con 'afirmaciones extraordinarias requieren
pruebas extraordinarias'".
Muchas de estas características son compartidas
también por la ciencia patológica,
un fenómeno al que nos referiremos más
tarde y que viene definido por no estar
en contra y fuera de la ciencia, sino
dentro de ella pero mal, de forma espontánea
o voluntariamente errónea. Tal vez resulten
más precisas las que propone el Diccionario
del Escéptico. Una guía para el nuevo
milenio (1999), de Robert T. Carroll,
profesor de filosofía en el Sacramento
City College:
•Tendencia a las teorías que se
proponen como científicas, pero que no
pueden ser probadas empíricamente de ninguna
manera significativa. La teoría es consistente
con todo evento empírico concebible y
ninguna predicción deducida de ella la
puede mostrar falsa.
•Rechazo dogmático a abandonar una
idea ante evidencia aplastante de que
la idea es falsa, y el uso de hipotesis
ad hoc para tratar de explicar las evidencias
contrarias.
•Uso selectivo de los datos: tendencia
a poner atención sólo a los resultados
positivos y a ignorar los negativos.
•Uso de anécdotas personales como
prueba.
•Indiferencia ante la inexistencia
de pruebas que soporten la teoría.
•Utilización de mitos o misterios
antiguos para sustentar teorías que son
usadas entonces para explicar los mitos
o misterios.
•Credulidad, especialmente de lo
paranormal, sobrenatural o con conexiones
extraterrestres.
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